La lucha contra el dopaje tecnológico


La gran preocupación de los organismos internacionales hasta ahora había apuntado siempre al dopaje que implicaba el consumo de sustancias prohibidas para aumentar el rendimiento del deportista. El uso de eritropoietina (EPO) o de hormona de crecimiento han sido los métodos estrella durante muchos años. También ha sido destacado el consumo de esteroides para ganar masa muscular y fuerza, de estimulantes para evitar la sensación de fatiga, de analgésicos para suavizar el dolor, de diuréticos o laxantes en deportes en que el peso determina una categoría de competición, o de betabloqueantes para eliminar temblores en actividades de precisión.

La cosa se ha sofisticado más en los últimos tiempos, y el éxito se busca con trampas que afectan el material con que se compite. El motor de la bicicleta es uno de entre otros casos de dopaje tecnológico, y se ha acusado directamente a la superestrella Chris Froome de utilizarlo para triunfar en el Tour de Francia. Pero hay otros deportes sobre los que planea la sombra de la duda:

Natación: El bañador de los récords es, seguramente, la aportación tecnológica más discutida del deporte. El LZR Racer era un bañador de cuerpo entero fabricado por la marca Speedo (con la colaboración de la NASA), con poliuretano y nilón elástico, que daba a los nadadores más oxígeno a los músculos y les ayudaba a encontrar un grado superior de flotabilidad. Fue utilizado durante los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, aceptado por la Federación Internacional de Natación (FINA), a pesar de que los técnicos ya denunciaban meses antes de que suponía una ayuda extra sospechosa. Prácticamente todos los récords mundiales se superaron en aquellos Juegos, hecho que acabó provocando que la FINA, un año después, decidiera prohibirlo. Se actualizó la normativa para permitir sólo bañadores hechos con material textil y que cubran, máximo, hasta las rodillas.

Patinaje: La polémica del LZR repuntó en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, cuando se publicitó un nuevo vestido para los patinadores de velocidad: el Mach 39, hecho por la marca UnderArmour. Como entonces pasó con Speedo, utilizaba materiales que daban una clara ayuda al deportista, al amortiguar las vibraciones del atleta para minimizar el efecto del impacto.